Ante nosotros, la clase obrera y el pueblo trabajador del mundo, se nos presenta una ola autoritaria y reaccionaria que no solo se enfrenta a la revolución, sino incluso a los fundamentos de lo que se ha llamado la “democracia” o la “democracia liberal”. Muchos analistas nos hablan de que responde a ciclos históricos, sin indicar a qué se deben. Pero para saber cuál es su fundamento y nuestra estrategia revolucionaria frente a ella, nos debemos atrever a analizar la naturaleza real de esta “democracia liberal”. Claro está, ninguno de estos apologistas de esta “democracia liberal” se va a atrever a señalar sus entrañas. Nosotros, los revolucionarios, sí podemos. Y debemos.
Lo que ellos llaman “democracia” o “democracia liberal” ha sido, y es, la democracia colonial/imperialista. En este serial de artículos se analiza cuáles son sus fundamentos, su crisis, la sustitución por el autoritarismo y la alternativa revolucionaria frente a ella. Esperemos que con este serial se abra un debate revolucionario para doblegar este futuro y convertirlo en oportunidad revolucionaria.

EL OCASO IMPERIALISTA DE OCCIDENTE. DE LA “DEMOCRACIA LIBERAL” AL AUTORITARISMO.
En el anterior artículo del serial, “Sobre la democracia colonial/imperialista”, se expone la tesis de que las llamadas “democracias” o “democracias para todos”, desarrolladas en el siglo XX en Europa, tienen como base la dominación colonial/imperialista. El modelo es una pequeña oligarquía financiera fusionada con los principales aparatos de Estado, que garantizan su poder exclusivo, y una aristocracia obrera con participación política/voto, que asienta su poder en base a un pacto nacional con la oligarquía. La aristocracia obrera se beneficia de la división internacional del trabajo imperialista, que supone concentrar el trabajo complejo/cualificado en las metrópolis, desplazando el trabajo simple masivo a naciones sometidas al dominio imperialista. Estos trabajadores complejos son la fuerza de trabajo más costosa de producir y, por tanto, mejor pagada, con salarios y servicios para poder producir y reproducirse, y con derechos políticos. A cambio de esta situación de privilegio, esta aristocracia obrera está disponible para colaborar en la opresión y el expolio de las multinacionales y el capital financiero, o participar en las guerras de opresión o de rapiña interimperialistas. En este pacto tácito criminal de la democracia imperialista, tuvieron un papel principal entre la clase obrera la socialdemocracia y sus sindicatos, que abandonaron la revolución y el internacionalismo, sustituyéndola por la colaboración con las oligarquías y el nacionalismo. Los partidos conservadores y liberales no tenían mucha implantación entre los trabajadores.
Pero ¿qué ocurre con esos regímenes si estas potencias entran en el ocaso imperial?
https://es.wikipedia.org/wiki/Colonialismo
En este enlace hay una descripción de las enormes posesiones coloniales de las potencias europeas en los últimos siglos. Colonias que se fueron transformando mayoritariamente en naciones bajo dominio imperialista durante el siglo XX, y otras que consiguieron una autonomía o, incluso de forma revolucionaria, una independencia de las antiguas metrópolis.
Los procesos de descolonización supusieron el principal gran retroceso de las potencias europeas. Además, después de las guerras mundiales, sobre todo la segunda, las oligarquías imperialistas europeas se ven desplazadas por nuevas superpotencias imperialistas (EEUU, URSS). Fruto del desarrollo desigual del imperialismo (Lenin, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”), las viejas potencias se ven desplazadas por otras que pretenden la hegemonía mundial para sí solas (hegemonismo). Las viejas potencias se ven subordinadas a las potencias imperialistas que, con su mayor fuerza militar y capital, concentran los recursos de las naciones dominadas.
Las potencias europeas pretenden gestionar este ocaso imperial con un proceso de unidad de las oligarquías continentales, y subordinándose al hegemonismo de EEUU y sus instituciones (OTAN, FMI, Banco Mundial…). Esta estrategia, junto con las enormes acumulaciones de capital, medios de producción, infraestructuras, tecnologías, fuerza de trabajo cualificada… en los siglos coloniales/imperialistas, ha permitido un lento ocaso; tanto durante la Guerra Fría como los años de hegemonía exclusiva de EEUU (ellos lo llaman “globalización”).
Las revoluciones, tanto burguesas como las degeneraciones de las proletarias, han provocado la aparición de nuevas naciones independientes. Muchas de ellas han conseguido, en algunas décadas, suficiente fuerza militar y acumulación de capital para ser exportadores netos de capital y opresores de naciones más pobres o débiles. China, Rusia, Arabia Saudí, Irán, Sudáfrica, India… han debilitado la hegemonía exclusiva de los EEUU y sus aliados.
Los primeros cambios debidos al ocaso imperial fueron en los años 80 y 90, con la progresiva extinción de los estados del bienestar y su principal gestor, la socialdemocracia.
Muchos analistas e historiadores se han referido a las razones políticas del declive de la socialdemocracia en Europa. La socialdemocracia y sus estados del bienestar fueron la forma de contrarrestar tanto la revolución obrera como la adhesión a la URSS, que se presentaba como un sistema opuesto al capitalismo. Una vez traicionada la revolución por burguesías burocráticas fascistas e imperialistas en la mayoría de los países socialistas y desintegrada la URSS, la razón de ser de los estados del bienestar y su principal gestor, la socialdemocracia, se ha perdido en gran medida. Así se han convertido en fuerzas secundarias socioliberales para gestionar estados asistenciales. Las políticas socialdemócratas clásicas han sido excluidas gracias a los tratados de la UE.

De la socialdemocracia a la ultraderecha
En los últimos años ya no solo nos encontramos con democracias imperialistas sin la pata de la socialdemocracia, sino con unos graves retrocesos en los derechos y libertades de los trabajadores. Recortes en los derechos de huelga, manifestación, reunión, asociación… con importantes sectores excluidos sin papeles.
Las oligarquías financieras, con su poder económico, político y mediático, han respaldado cada vez más a alternativas de “ultraderecha”, que pretenden construir regímenes políticos en los que se vota, pero con libertades más y más recortadas, al estilo de la Rusia de Putin. Una parte de la clase obrera ha abandonado a la inoperante socialdemocracia para pasar a respaldar a estas fuerzas de ultraderecha.
Muchos analistas políticos, en vez de analizar las bases materiales históricas de este proceso, hablan de generalidades como los ciclos de modas políticas o lo achacan a una corriente fruto de un fenómeno concreto del hegemonismo norteamericano: el trumpismo. Sin embargo, aunque el trumpismo sufra reveses en EEUU u otros países, parece que esta ola reaccionaria/autoritaria no deja de crecer.
Y es que, como plantea el artículo sobre la democracia imperialista, esta solo puede funcionar sobre la base de lo que los sociólogos burgueses llaman clases medias: es decir, la aristocracia obrera mundial. Pero esta aristocracia obrera es cada vez menos aristocrática. Se asienta sobre cada vez menos clase obrera superexplotada y pueblos expoliados del mundo. Cada vez más porcentaje de la propia población europea va cayendo en condiciones salariales, laborales, de servicios públicos, de vivienda… nunca vistas en las últimas décadas en Europa.Así, la parte de la población a la que “le sale a cuenta” respaldar voluntariamente la “democracia liberal” es cada vez menor. Eso ha forzado a grupos oligárquicos a cambiar de estrategia y respaldar cada vez más a alternativas para una “democracia” más restrictiva.
Si se une a la ausencia de necesidad política para las oligarquías europeas del estado del bienestar, la desaparición de las bases internacionales de la democracia imperialista, la fuerza resultante, ante una clase obrera menos revolucionaria y organizada, es el autoritarismo.
El proyecto pasa, en la actualidad, por un régimen autoritario, que no fascista.
El fascismo es la dictadura terrorista del capital monopolista. No hay votación, no hay pluripartidismo, no hay ningún tipo de división de poderes… Es la supercentralización política, social y económica, que se persigue por las oligarquías para hacer frente a la guerra o la revolución.
Esta “democracia autoritaria” o, directamente, autoritarismo, pretende limitar el pluripartidismo, no eliminarlo. Por ejemplo, eliminando organizaciones políticas o sociales que no acatan constituciones (revolucionarios, independentistas, supuestos terroristas…), con una justicia que complemente las reformas legales autoritarias mediante sentencias, con más agencias gubernamentales también más “independientes”, con unos servicios secretos que fabriquen dossiers para excluir, con derechos de manifestación, asociación, reunión y huelga aún más limitados legal o judicialmente, con tolerancia a la violencia contra las fuerzas democráticas, etc.
Estos regímenes autoritarios mantendrían formalmente el derecho a voto, pero muy limitado en opciones.

A medio plazo, si se fortaleciera una alternativa revolucionaria o en caso de guerra, las oligarquías podrían dar un salto militarizando la sociedad y la economía con un régimen fascista. Un régimen que ya recurriría a dominar en primera instancia por el terror y la represión.
Denunciar el fascismo, en lugar del autoritarismo, sería, además de una deformación de la realidad, una forma de dar munición propagandística al propio régimen autoritario. Este siempre podrá denunciar la hipérbole, demarcándose del fascismo puro y duro.
Por un Frente Democrático Europeo. Por la democracia obrera.
Los obreros de Europa nos enfrentamos, en una situación mundial de grave retroceso revolucionario, a una ola autoritaria que no es coyuntural, y es autónoma al devenir concreto del trumpismo. Es por ello que, tanto para mejorar las condiciones de vida de nuestra clase como para organizar la democracia obrera, es necesario un amplio frente democrático de unidad. En este frente democrático no solo hay que unir a las fuerzas de izquierdas, sino incluso a las liberales, etc. Hay que persuadir al conjunto de clases del país de que, después del sacrificio de la juventud obrera y los migrantes, vendrán el resto de clases y sectores del país. La gran mayoría se verá afectada por la ola autoritaria de las oligarquías europeas.
La conquista de la democracia obrera pasa hoy por un frente democrático contra el autoritarismo. Pero en este frente democrático nuestra clase no debe ser seguidista de la “democracia liberal” de las oligarquías. Debe defender su propio proyecto de gestión obrera. Debe defender la democracia obrera para emprender el camino de acabar con el sistema de explotación y opresión; acabar con el capitalismo.